… SON COSAS DE MI AMIGO ( y 2 )
Yo no sabía qué decir, ni que hacer. Me fui hacia la cocina, donde habíamos preparado las tazas para tomar el café. Ya había terminado de subir en la cafetera. Mientras lo servía le dije:
- Todos hemos sido niños alguna vez. Ya sabes que estas cosas duran pocos días, y luego todo volverá a la normalidad.
- No si no termina allí la cosa. Espera, espera que te cuente.
- No me digas que aún tienes más enredos.
- Mi mujer, que quiere mantenerse en forma, ahora, a sus años, como resulta que no puede ir al tenis, porque nuestra economía no está para esos trotes, pues se ha comprado un juego de esos, que no sé como se llaman, y con el mando juega al tenis con la tele.¡ Anda tú ! No veas qué vueltas da por el salón con el mando en la mano intentando volver la pelota; brincando de acá para allá, dando brazadas al aire. Menuda la tienen con el abuelo porque dice que le revuelve las fichas del puzzle. No puedo ni sentarme en el sofá porque dice que le molesto y falla algunas pelotas por mi culpa. ¡ Si quieres algo te sientas en la cocina !.
¡ Hasta yo empezaba a sentirme mal !
Cogió el regalo que le había llevado y con cuidado lo comenzó a desenvolver. Yo, mientras miraba su rostro para ver cómo encajaba el golpe. Ví que sus facciones iban cambiando poco a poco. Me preguntó:
- ¿ Esto qué es ?
- Abre la tapa y lo vas a ver. Es un pequeño juego de ajedrez electrónico, con diez niveles. Creí que, como te gusta jugar al ajedrez y como no siempre encuentras contrincante, puedes practicar con la máquina.
Se levantó de la mesa, nervioso ( tan nervioso que tiró una taza de café ) y se abalanzó sobre mi. Me dio un abrazo, de esos fuertes, de amigo de verdad, y con lágrimas en los ojos me dijo:
- Es el mejor regalo y en el mejor momento, y encima me lo trae mi mejor amigo. ¡ Al fin yo también podré tener un espacio para mí en esta casa !.
- Creí que te haría ilusión poder practicar el ajedrez.
- En estos días he maldecido mil veces todos los papá noeles y los reyes y los regalos y las tecnologías… ¡ lo he maldecido todo !¡ Hasta a mí mismo, por no saber salir de ese juego infernal en el que nos hemos metido ! Pero esto es otra cosa. ¡ Eres el mejor amigo que alguien puede soñar !.
Encendió la maquinita y comenzó a hojear las opciones de juego que le ofrecía, y los distintos niveles… y estrategias…
Eligió un nivel, se volvió hacia mí y me preguntó:
- ¿ No te importa, verdad, que juegue una partida ?.
- No, en absoluto, le dije.
En esto que sonó el timbre. Se levantó y fue a ver quién llamaba. Eran su mujer y sus hijos que volvían a casa, y se habían dejado las llaves. Habían ido a una chocolatada que ofrecían en el barrio para todos los niños y los abuelos.
Fue el momento que aproveché para levantarme.
- Bueno, amigo, volveré otro día. Tengo que irme.
- No, puedes quedarte, me dijo, mientras movía ficha en la maquinita.
Se lo agradecí pero hice mutis. Yo también me sentía incómodo.
Yo no sabía qué decir, ni que hacer. Me fui hacia la cocina, donde habíamos preparado las tazas para tomar el café. Ya había terminado de subir en la cafetera. Mientras lo servía le dije:
- Todos hemos sido niños alguna vez. Ya sabes que estas cosas duran pocos días, y luego todo volverá a la normalidad.
- No si no termina allí la cosa. Espera, espera que te cuente.
- No me digas que aún tienes más enredos.
- Mi mujer, que quiere mantenerse en forma, ahora, a sus años, como resulta que no puede ir al tenis, porque nuestra economía no está para esos trotes, pues se ha comprado un juego de esos, que no sé como se llaman, y con el mando juega al tenis con la tele.¡ Anda tú ! No veas qué vueltas da por el salón con el mando en la mano intentando volver la pelota; brincando de acá para allá, dando brazadas al aire. Menuda la tienen con el abuelo porque dice que le revuelve las fichas del puzzle. No puedo ni sentarme en el sofá porque dice que le molesto y falla algunas pelotas por mi culpa. ¡ Si quieres algo te sientas en la cocina !.
¡ Hasta yo empezaba a sentirme mal !
Cogió el regalo que le había llevado y con cuidado lo comenzó a desenvolver. Yo, mientras miraba su rostro para ver cómo encajaba el golpe. Ví que sus facciones iban cambiando poco a poco. Me preguntó:
- ¿ Esto qué es ?
- Abre la tapa y lo vas a ver. Es un pequeño juego de ajedrez electrónico, con diez niveles. Creí que, como te gusta jugar al ajedrez y como no siempre encuentras contrincante, puedes practicar con la máquina.
Se levantó de la mesa, nervioso ( tan nervioso que tiró una taza de café ) y se abalanzó sobre mi. Me dio un abrazo, de esos fuertes, de amigo de verdad, y con lágrimas en los ojos me dijo:
- Es el mejor regalo y en el mejor momento, y encima me lo trae mi mejor amigo. ¡ Al fin yo también podré tener un espacio para mí en esta casa !.
- Creí que te haría ilusión poder practicar el ajedrez.
- En estos días he maldecido mil veces todos los papá noeles y los reyes y los regalos y las tecnologías… ¡ lo he maldecido todo !¡ Hasta a mí mismo, por no saber salir de ese juego infernal en el que nos hemos metido ! Pero esto es otra cosa. ¡ Eres el mejor amigo que alguien puede soñar !.
Encendió la maquinita y comenzó a hojear las opciones de juego que le ofrecía, y los distintos niveles… y estrategias…
Eligió un nivel, se volvió hacia mí y me preguntó:
- ¿ No te importa, verdad, que juegue una partida ?.
- No, en absoluto, le dije.
En esto que sonó el timbre. Se levantó y fue a ver quién llamaba. Eran su mujer y sus hijos que volvían a casa, y se habían dejado las llaves. Habían ido a una chocolatada que ofrecían en el barrio para todos los niños y los abuelos.
Fue el momento que aproveché para levantarme.
- Bueno, amigo, volveré otro día. Tengo que irme.
- No, puedes quedarte, me dijo, mientras movía ficha en la maquinita.
Se lo agradecí pero hice mutis. Yo también me sentía incómodo.
